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Mantener la autonomía de la persona con demencia en el domicilio

Mantener la autonomía de la persona con demencia debe ser uno de los objetivos de su tratamiento cada día. A partir del inicio de la enfermedad, la persona con demencia irá abandonando progresivamente las actividades que antes realizaba e irá perdiendo la capacidad para desenvolverse en su entorno de manera satisfactoria. Para facilitar la adaptación y el manejo de la nueva situación que provocará el desarrollo de la enfermedad, es importante que la persona realice en el domicilio el máximo de actividades posible, ya que, cuando realizamos tareas tan sencillas como comer, estamos, al mismo tiempo, estimulando otros aspectos muy importantes como las capacidades sensoriales, perceptivas, cognitivas y motrices.
La estimulación por parte del cuidador debe realizarse a través de las actividades cotidianas en el domicilio. Hay que tener en cuenta que no se beneficia a la persona realizando tareas que puede hacer, ni ayudándole si no es necesario. El cuidador deberá ir adaptando su ayuda a las capacidades del enfermo, por lo tanto, debe evitar las actitudes sobreprotectoras que refuercen la dependencia de la persona y dejar que continúe realizando las actividades que todavía sabe realizar. Si la persona comete un error no se le debe dar importancia y reforzar positivamente las cosas que hace bien.

Mantener la autonomía de la persona con demencia a través de la rutina

El establecer una rutina diaria y planificar las actividades es de vital importancia. Esto le ayudará al enfermo a mantener unos hábitos diarios, reducir su desorientación, además de contribuir a mejorar su autoestima y calidad de vida.
En los estadios iniciales de la enfermedad es recomendable fomentar la autonomía en las actividades de autocuidado (aseo personal), ocio (baile, ir al cine, ejercicio físico) y productivas (tareas del hogar.), en las que la persona se sienta útil y teniendo en cuenta los gustos y costumbres de la persona.
Algunos ejemplos de estimulación en el domicilio son los siguientes:

  • Tareas domésticas como hacer la cama, cocinar acompañado de otra persona, poner y quitar la mesa, etc.
  • Colaborar en la elección de la ropa, ordenar el armario y simplificar la organización del mismo.
  • Simplificar las secuencias de las actividades básicas (baño, vestido y aseo personal). Todas se descomponen en otras más fáciles, que puede que hagan sin ayuda. Se debe repetir instrucciones en cada paso.
  • Realizar actividades de ocio que le motive (oír música, bailar, pasear, pintar, etc.).

En definitiva, se trata de mantener la autonomía de la persona el mayor tiempo posible, trabajando las capacidades que aún mantiene, fortaleciendo la conexión con su entorno y creando una rutina diaria que le estimule y le sea gratificante.


Mónica Guzmán Palomares

Terapeuta Ocupacional en CITEA

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